Editorial 78
Editorial 78
Octubre nos recibe en ese punto de inflexión donde el año comienza a replegar sus velas, invitándonos a un movimiento doble y paradójico: la urgencia de los cierres institucionales y la irrupción radical de la primavera, que nos impone otra temporalidad. En este tramo final, la naturaleza exterior desborda de clorofila, flores y luz, recordándonos que la vida orgánica insiste en abrirse paso, a veces a contramano de nuestros ritmos urbanos y laborales acelerados.
Para Fundación este último trimestre trajo nuevos desafíos y así nos preparamos para que nuestro abordaje sea con buena predisposición, siempre, saber y sabor.
Detenerse a observar el paisaje (afuera y adentro) no es un acto de pura contemplación estética; es una necesidad filosófica, poética y política. Vivimos atravesados por una época que hipertrofia el presente continuo, que exige productividad ininterrumpida y coloniza incluso los espacios de recogimiento interior. Frente a esa maquinaria de la urgencia, la primavera funciona como un recordatorio poético de los ciclos, de la fertilidad de la espera y de la potencia de lo lento.
Pensar la cultura, la salud y el bienestar en este contexto implica recuperar el derecho al asombro. Las instituciones no están exentas de este pulso vital: tienen la responsabilidad de generar refugios temporales, espacios donde la pausa permita metabolizar lo vivido y proyectar colectivamente lo que viene. Este mes, la agenda de la Fundación se enmarca precisamente en esta búsqueda: tejer tramas comunitarias, propiciar diálogos donde la palabra recupere su espesor y traccionar las urgencias cotidianas en pos de una vida más sostenible, reflexiva y hospitalaria.
Por eso el mes comenzó con el éxito de PAUSAR LA IA, un festival en el que reunimos a expertos de Alemania y Argentina para poder darnos un espacio reflexivo, ocurrente y novedoso para pensar el frenesí de los desarrollos algorítmicos. Dimos a entender que no somos luditas pero también que necesitamos un momento humano para comprender de qué se trata; para abrir una caja negra que muta segundo a segundo e imaginar futuros junto a ella como seres pensantes y sintientes.
Mientras tanto este mes se está “cocinando” al calor del jurado, Leila Guerreiro, Alan Pauls y Gabriela Cabezón Cámara, la lista corta de los cinco títulos que nos acercan a la novela ganadora 2026. Estamos expectantes y felices de poder sostener este Premio Fundación Medifé FILBA.
Finalmente, estamos también estrenando una nueva alianza con la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Vicente López, y con ellos, avanzamos en el diseño de un encuentro en la quinta Trabucco, que llamamos Festival Bienestar. Un fin de semana para dar cuenta de que el bienestar no es un estado estático, individual ni una quimera solitaria; es una práctica situada, una sintonía fina que se construye en el encuentro con los otros y con el territorio que habitamos.
Este encuentro consolida un espacio de intercambio donde la salud mental, el cuidado mutuo y las expresiones artísticas dialogaron sin intermediaciones abstractas. Lejos de concebir el buen vivir como una receta técnica o de autoayuda, el festival propuso repensarlo como una trama colectiva: ¿cómo habitamos nuestros barrios?, ¿cómo nos relacionamos con el tiempo libre?, ¿de qué manera la cultura comunitaria actúa como una red de sostenimiento frente al malestar contemporáneo?
Somos la fundación de una empresa de salud, y la entendemos dinámica y amplia; como un bien social indisociable de la cultura y cuando los espacios públicos son habitados desde el arte y el pensamiento crítico, se transforman en verdaderos laboratorios de convivencia. Cada taller, cada charla y cada cruce artístico funcionan como nodos de una red que busca descentralizar el cuidado, recordándonos que ninguna subjetividad se salva en soledad.
En este mismo horizonte de pensar el bienestar de manera integral, nuestro documental Comer cuenta cobra una vigencia luminosa. La propuesta audiovisual —fruto del compromiso sostenido de la Fundación— nos invita a recorrer el país para poner el foco en una problemática urgente y estructural: ¿cómo nos alimentamos, de dónde viene lo que consumimos y qué alternativas comunitarias e innovadoras se están gestando a lo largo y ancho de nuestra geografía frente a problemáticas como la malnutrición y la obesidad infantil? Presentarlo en el cine York, de Olivos, es una oportunidad que merece ser celebrada.
Comer cuenta, dirigida por Bárbara Vespa, no se limita a visibilizar un diagnóstico preocupante; su mayor virtud es documentar la esperanza activa. A través de un recorrido por experiencias de producción, distribución y consumo alternativo, el documental rescata saberes locales, huertas comunitarias, redes de economía solidaria y prácticas pedagógicas que entienden la alimentación no como una mera mercancía, sino como un acto político, cultural y sanitario de profundo cuidado.
Comer es, en definitiva, un acto de comunión con el mundo. Lo que ponemos en la mesa narra nuestra historia colectiva, nuestra relación con la tierra y el grado de responsabilidad que asumimos hacia las próximas generaciones. Volver a mirar este documental en este tramo del año nos convoca a repensar las cadenas de valor y a apostar por circuitos más justos, saludables y conscientes.
Mientras octubre avanza, nuestras líneas de trabajo continúan desplegándose en múltiples direcciones: desde las reuniones y formación que proponen los programas Confluencias y la Escuela de Artes y Oficios, hasta la diaria ocupación del espacio de CASA con proyectos realmente hermosos y vitales.
Cultura para la salud siguen siendo el faro con el que elegimos leer nuestro presente. Los invitamos a sumarse a estas iniciativas, a recorrer nuestros contenidos y a seguir construyendo, en cada espacio de lectura, encuentro y debate, las tramas que hacen posible una vida examinada y compartida.
Gracias,
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé
Octubre nos recibe en ese punto de inflexión donde el año comienza a replegar sus velas, invitándonos a un movimiento doble y paradójico: la urgencia de los cierres institucionales y la irrupción radical de la primavera, que nos impone otra temporalidad. En este tramo final, la naturaleza exterior desborda de clorofila, flores y luz, recordándonos que la vida orgánica insiste en abrirse paso, a veces a contramano de nuestros ritmos urbanos y laborales acelerados.
Para Fundación este último trimestre trajo nuevos desafíos y así nos preparamos para que nuestro abordaje sea con buena predisposición, siempre, saber y sabor.
Detenerse a observar el paisaje (afuera y adentro) no es un acto de pura contemplación estética; es una necesidad filosófica, poética y política. Vivimos atravesados por una época que hipertrofia el presente continuo, que exige productividad ininterrumpida y coloniza incluso los espacios de recogimiento interior. Frente a esa maquinaria de la urgencia, la primavera funciona como un recordatorio poético de los ciclos, de la fertilidad de la espera y de la potencia de lo lento.
Pensar la cultura, la salud y el bienestar en este contexto implica recuperar el derecho al asombro. Las instituciones no están exentas de este pulso vital: tienen la responsabilidad de generar refugios temporales, espacios donde la pausa permita metabolizar lo vivido y proyectar colectivamente lo que viene. Este mes, la agenda de la Fundación se enmarca precisamente en esta búsqueda: tejer tramas comunitarias, propiciar diálogos donde la palabra recupere su espesor y traccionar las urgencias cotidianas en pos de una vida más sostenible, reflexiva y hospitalaria.
Por eso el mes comenzó con el éxito de PAUSAR LA IA, un festival en el que reunimos a expertos de Alemania y Argentina para poder darnos un espacio reflexivo, ocurrente y novedoso para pensar el frenesí de los desarrollos algorítmicos. Dimos a entender que no somos luditas pero también que necesitamos un momento humano para comprender de qué se trata; para abrir una caja negra que muta segundo a segundo e imaginar futuros junto a ella como seres pensantes y sintientes.
Mientras tanto este mes se está “cocinando” al calor del jurado, Leila Guerreiro, Alan Pauls y Gabriela Cabezón Cámara, la lista corta de los cinco títulos que nos acercan a la novela ganadora 2026. Estamos expectantes y felices de poder sostener este Premio Fundación Medifé FILBA.
Finalmente, estamos también estrenando una nueva alianza con la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Vicente López, y con ellos, avanzamos en el diseño de un encuentro en la quinta Trabucco, que llamamos Festival Bienestar. Un fin de semana para dar cuenta de que el bienestar no es un estado estático, individual ni una quimera solitaria; es una práctica situada, una sintonía fina que se construye en el encuentro con los otros y con el territorio que habitamos.
Este encuentro consolida un espacio de intercambio donde la salud mental, el cuidado mutuo y las expresiones artísticas dialogaron sin intermediaciones abstractas. Lejos de concebir el buen vivir como una receta técnica o de autoayuda, el festival propuso repensarlo como una trama colectiva: ¿cómo habitamos nuestros barrios?, ¿cómo nos relacionamos con el tiempo libre?, ¿de qué manera la cultura comunitaria actúa como una red de sostenimiento frente al malestar contemporáneo?
Somos la fundación de una empresa de salud, y la entendemos dinámica y amplia; como un bien social indisociable de la cultura y cuando los espacios públicos son habitados desde el arte y el pensamiento crítico, se transforman en verdaderos laboratorios de convivencia. Cada taller, cada charla y cada cruce artístico funcionan como nodos de una red que busca descentralizar el cuidado, recordándonos que ninguna subjetividad se salva en soledad.
En este mismo horizonte de pensar el bienestar de manera integral, nuestro documental Comer cuenta cobra una vigencia luminosa. La propuesta audiovisual —fruto del compromiso sostenido de la Fundación— nos invita a recorrer el país para poner el foco en una problemática urgente y estructural: ¿cómo nos alimentamos, de dónde viene lo que consumimos y qué alternativas comunitarias e innovadoras se están gestando a lo largo y ancho de nuestra geografía frente a problemáticas como la malnutrición y la obesidad infantil? Presentarlo en el cine York, de Olivos, es una oportunidad que merece ser celebrada.
Comer cuenta, dirigida por Bárbara Vespa, no se limita a visibilizar un diagnóstico preocupante; su mayor virtud es documentar la esperanza activa. A través de un recorrido por experiencias de producción, distribución y consumo alternativo, el documental rescata saberes locales, huertas comunitarias, redes de economía solidaria y prácticas pedagógicas que entienden la alimentación no como una mera mercancía, sino como un acto político, cultural y sanitario de profundo cuidado.
Comer es, en definitiva, un acto de comunión con el mundo. Lo que ponemos en la mesa narra nuestra historia colectiva, nuestra relación con la tierra y el grado de responsabilidad que asumimos hacia las próximas generaciones. Volver a mirar este documental en este tramo del año nos convoca a repensar las cadenas de valor y a apostar por circuitos más justos, saludables y conscientes.
Mientras octubre avanza, nuestras líneas de trabajo continúan desplegándose en múltiples direcciones: desde las reuniones y formación que proponen los programas Confluencias y la Escuela de Artes y Oficios, hasta la diaria ocupación del espacio de CASA con proyectos realmente hermosos y vitales.
Cultura para la salud siguen siendo el faro con el que elegimos leer nuestro presente. Los invitamos a sumarse a estas iniciativas, a recorrer nuestros contenidos y a seguir construyendo, en cada espacio de lectura, encuentro y debate, las tramas que hacen posible una vida examinada y compartida.
Gracias,
Daniela Gutierrez
Gerenta General
Fundación Medifé



